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domingo, 14 de diciembre de 2014

Funestas bailarinas


¿Por qué las cosas más bellas e hipnotizantes de este mundo son casi siempre las más mortíferas?

Esta fotografía la realicé en el Oceanogràfic mientras observaba la pecera de las medusas. Me quedé allí impasible durante media hora, sin poder apartar la vista. Mientras tanto, no pude evitar pensar en cómo sería poder alargar el brazo, atravesar el cristal y tocar una. Tan sólo un poco.

Luces de neón, textura curiosa, colores vibrantes, movimientos elegantes. Es imposible no fijarse en un animal marino que reúne todas estas características. Una combinación tan asombrosa que hace que sigas con la mirada cada uno de sus movimientos, casi como si de una danza se tratara. Una danza en la que las medusas son las despampanantes bailarinas vestidas de colores y envueltas en purpurina, cuyo escenario es el profundo azul que las envuelve, y tú eres el maravillado espectador que queda anonadado ante tal espectáculo. La música la pones tú, con tus propios pensamientos.

¿Es así como las medusas atraen a sus presas?

Tan hipnotizante es la danza que olvidas su verdadero objetivo, y por un momento sólo puedes pensar en lo bello de la escena. Sientes la necesidad de tocarlas, de unirte a ellas. Quieres atraparlas y poder observarlas indefinidamente. Te dejas envolver ante tal atmósfera y, cuando estás a punto de rozarlas, excitado ante tal deseo, un punzante dolor hace que quedes paralizado. Sientes como si flotaras, mientras las observas nadar a tu alrededor, sonriendo por haber tenido la oportunidad de presenciar algo así.


Y mientras tu vitalidad, como la danza, se esfuma.

Espejismo de leyenda


 El castillo de Eilean Donan, es uno de los lugares más emblemáticos y más conocidos de Escocia, debido entre otros motivos, a que ha sido escenario de algunas películas.

Es una fortaleza que da la bienvenida a los viajeros que visitan la zona, ya que se puede contemplar de distintos puntos del lago. Se levanta en medio de una isla, a la que se puede acceder a través de un puente de piedra.
Además de ser una fortaleza misteriosa y bella, también le han dado esa apariencia de castillo de leyendas los alrededores, que juegan un papel muy importante. Las suaves montañas que rodean la isla, pero sobretodo el lago hacen que parezca impenetrable.
Esas cualidades las podemos ver en las fotografías, a través de la niebla y de su reflejo en el agua del lago. Su piedra oscura contrasta con el verde de sus alrededores y también con el tono naranja de algunas algas. El lago le aporta vida.
En la primera fotografía, el castillo aparece en el centro, ya que se pretende dar la sensación de que vamos a adentrarnos en él, a través del antiguo puente previo, mientras que en la segunda imagen, está un poco desplazado hacia la derecha, para que podamos contemplarlo junto al puente, las montañas y el lago que lo envuelven.
Para terminar,  parece que el fotógrafo quiere transmitirnos la paz y tranquilidad que emana del paisaje.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Fuente de Vida



El agua de un río, de un lago, del mar, todo agua. Nos puede gustar más o menos pero en todos sus formatos, la esencia es la misma. A lo largo de la historia se ha utilizado en el arte, ya que forma parte de la naturaleza, y como tal se representaba por ejemplo en los paisajes.


En estas fotografías contemplamos el agua en distintos sitios, incluso en distintos estados. En la primera, podemos contemplar como el agua sale del caño con mucho detalle, incluso podemos apreciar algunas gotas que se desprenden del chorro principal. Es una fotografía tomada en una fuente, y muy de cerca. Además del chorro del agua, se ven las ondas que este provoca al impactar con el resto.


La segunda imagen es completamente diferente, aunque por una parte son similares, ya que se han hecho muy de cerca para poder apreciar mejor los detalles. En este caso, no está en estado líquido como es habitual, sino en estado casi sólido, ya que se trata de nieve, nieve que se ha quedado depositada en las ramas de un pino.


Para finalizar, contemplamos un paisaje donde el elemento principal es el agua, situada en dos lagos, aunque la fotografía y el paisaje también tienen muchos otros atractivos. Podemos apreciar otra vez, agua en forma de nieve en la parte superior de las montañas. Se percibe como los rayos del sol impactan en la superficie del lago, incluso como se reflejan en la fotografía: unos puntos de luz en el eje central.


 En fin, este, es un elemento muy importante en todos los sentidos, ya que nos da la vida, además de creatividad, belleza, etc. Por estos y muchos otros motivos, deberíamos mantenerla y cuidarla, para poder seguir disfrutando de ella en lugares y situaciones tan bellas como estas.



sábado, 6 de diciembre de 2014

Ofelia inspiró la melancolía.

En lo que llevamos de cuatrimestre no son pocas las obras que han llamado mi atención profundamente, y una de ellas fue “Ofelia” de John Everett Millais. Ésta fue una revelación para mí, ya que, hacía no mucho había decretado para mí entender y el de mi  gente más cercana, que la pintura que más me gustaba no era la realista, sino que prefería una pincelada desdibujada o cierto toque abstracto, manchas de color… Y de repente se alza Ofelia, más real que nunca. Lo cierto es que me impactó muchísimo.

Tan presente la tenía que en cuanto vi esta imagen, me vino en seguida a la mente; aunque la perspectiva, la situación y la expresión de ella sean diferentes. 
Vemos sin embargo, muchas similitudes: La más evidente es que ambas están tumbadas en el agua rodeadas de vegetación. Otra será la presencia del ramo de flores que en el caso de Ofelia está deshecho y en el de la película, Kirsten Dunst lo sujeta con firmeza. Otra similitud, quizá más oculta es el hecho por el cual han llegado a esa situación, ambas por una depresión ya que en el caso de Ofelia, ésta lo usó como huida ante la falta de amor de Hamlet; y en la de Melancolía,por la depresión eterna de la protagonista, aunque bueno, leyendo el título poco más hay que decir; sí que es remarcable que ese fotograma forma parte de la presentación, no de la película, y con él intenta evocar las mismas sensaciones que John Everett Millais logra con su cuadro. La actitud de las dos protagonistas femeninas, sin embargo, es bastante distinta, en el caso de Ofelia la vemos sufrir, mientras que a Kirsten Dunst la vemos casi desafiante. Debo añadir que la actriz, por su papel en esta película ganó el premio a mejor actriz en el festival de Cannes, y lo tiene merecido, su interpretación llama mucho la atención.  También la propia vegetación recuerda a la del cuadro, sobre todo la de la parte izquierda de ambas imágenes. Dentro de la propia película, curiosamente, aparece el propio cuadro de John Everett Millais en un libro que se expone abierto por la página en la que aparece el cuadro. Por si no fueran pocas las similitudes de la propia película con el cuadro, Von Trier nos ofrece esa perla.

Encontré esta película navegando por IMDb y esta fue una de las primeras imágenes que vi, ya que además, se corresponde con la portada de la misma. La mayoría de las que me llamaron la atención, como esta, tenían después que ver con el prólogo. No es de extrañar que captara mi atención y necesitara verla. Así pues, esa misma noche tenía la película en mi televisión.
La película consta de tres partes (en realidad son dos, pero el prólogo es tan largo que casi lo consideraría una más). La primera es el prólogo, como adelantaba, en el cual se nos brindan imágenes de una realidad cuestionable por diversos motivos. Todas las imágenes que allí aparecen tienen algo de perturbador. Además, van acompañadas de la música de Tristán e Isolda de  Richard Wagner, lo cual les da otro toque surrealista. Una vez acabado el prólogo (ya respiré porque me temía una película entera de imágenes de ese estilo, como “El árbol de la vida” de Terrence Malick, y conociendo a Lars Von Trier, todo es posible) empezó la  primera parte “Justine”. Este nombre hace referencia a la protagonista, Kirsten Dunst, que padece un brote de depresión, cosa muy común en ella, justo el día de su boda. La segunda parte, llamada Claire, se centra en la estancia de Justine en la casa de su hermana Claire, en la cual, todo gira en torno a la cura de su depresión y a la inminente llegada de un planeta llamado Melancholia, que según los astrónomos, pasará muy cerca de la tierra pero sin tocarla, ya se verá. No quiero contar más detalles de la película ya que creo que vale la pena verla sin conocerla en exceso, cuando yo me enfrenté a ella, lo hice sencillamente conociendo la imagen que me recordó a Ofelia, nada más, y la verdad es que valió la pena. Personalmente, tengo una especial predilección por el género de la ciencia ficción, aunque me gustan todos los géneros, así que agradecí el detalle del planeta. Sin embargo, debo confesar que la primera parte me pareció más interesante por muchas razones, desde la actuación de Kirsten, a la cual se le da más importancia en esta parte, hasta las relaciones entre los miembros de la boda y como Justine va degenerando su estado anímico hasta el completo caos. Fue realmente impactante, sin embargo, el final de la película. Es uno de esos films que te dejan pensativo y bloqueado durante un tiempo, y todo se lo tengo que agradecer al cuadro de Ofelia.

 

jueves, 30 de octubre de 2014

Arte para comérselo




  La publicidad en muchas ocasiones recurre al arte para basar sus campañas, ya que de esta forma causa un mayor impacto visual en el espectador. Esto lo podemos ver en el mundo del cine, en el de la música, incluso en el de la cocina.

  En este caso, encontramos que la agencia de publicidad “Shalmor Avnon Amichay”, de Tel Aviv, realizó en el año 2011 una campaña publicitaria para la empresa de Magimix, fabricantes de máquinas para procesar alimentos. 

   Los publicistas quieren transmitirles a sus potenciales clientes la sensación de actualidad de este robot de cocina, por medio de obras de arte que siguen siendo una gran fuente de inspiración y siempre las tenemos presentes. Estos robots pretenden ofrecer una gran ayuda para cualquier persona que intente acercarse al mundo de la cocina, ya que entenderá que cocinar puede ser cómodo y rápido

   Se inspiran en cuadros de famosísimos artistas, para crear una fuerte sensación en las personas de que cocinar es un arte. El primer ejemplo es El hijo del hombre, de René Magritte siendo el ingrediente principal la manzana. El segundo es de Picasso, el artista español más reconocido del cubismo, con uno de sus retratos de mujeres sentadas. Finalmente, en el último se recurre a La Mona lisa, de Leonardo Da Vinci.
 
   El consumidor se sentirá atraído por el robot a través del color y la frescura utilizados en las obras de arte. Pensará que es una buena inversión  adquirir un producto duradero con el que poder picar y rebanar verduras como todo un artista.


Nuevos Ojos


Uno de los motivos por los cuales el artista crea su obra es para poder exponerla. Esto implica la voluntad por parte del artista de establecer un vínculo autor-obra-espectador. Sin embargo, no es la única voluntad que cuenta.
El espectador tiene una importancia igual a la del artista en el vínculo, que en su caso va en sentido contrario (espectador-obra-autor). Es posible que una vez que el individuo expectante ha dado el paso de entrar en un museo o una exposición ya está en posición de establecer esa conexión con el artista a través de su obra. Así pues entramos en el terreno de reconocimiento y comprensión, acorde en cada caso al tipo de exposición y su nivel de abstracción.

Ocupémonos de un caso en particular que aconteció el domingo 12 de Octubre. Tras leer el fragmento de la primera práctica que hicimos, me dejó muy tocada el hecho de que conocer la historia del arte nublaba, por decirlo de alguna manera, la visión de la obra en sí; se tiende a comentar aspectos que has aprendido en los libros sin pararte a disfrutar. Con esto en mente, organicé una especie de experimento empírico para analizar las reacciones de 3 tipos de espectadores hacia el arte: Alguien que no se había parado a contemplar una obra de arte, dos personas con una larga trayectoria de museos visitados y una auténtica fanática del arte. (A partir de ahora los llamaré: Nuevos Ojos, Fanática e Intermedios)

Empecemos por Nuevos Ojos: El espectador se haya en una sala repleta de obras artísticas de Miguel Navarro, en el IVAM. Desgraciadamente, lo primero de lo que se percató fue que había un hombre trajeado que podría ser el artista o un miembro de su familia que venía en su nombre. Sin embargo, una vez se deshizo del lastre que supone que el artista sepa lo que comentas de su obra, pudo centrarse en ella y analizarla (que en este caso, hacía falta). 

Antes de continuar quizá convenga explicar de qué iba la obra: a grandes rasgos se basaba en lunas, fábricas, ciudades y sexo. Me explico: Las acuarelas hacían referencia a fábricas y lunas, juntas habitualmente, y que representaban casi una obsesión para el artista; sin embargo también vimos una serie de pinturas con el sexo masculino y un saltamontes u otras en las cuales las fábricas y las personas se fusionaban e interpretaba escenas sexuales o luchas con esta especie de hombres-fábrica. La parte escultural de la exposición eran, por la parte de la escultura metálica, o bien hombres con su sexo bien presente, o bien ciudades enteras hechas a base de pequeñas y grandes piezas, la parte de escultura de un material cerámico tocaba temas similares.

Ante todo este mundo interno del artista, la primera reacción de Nuevos Ojos es la estupefacción y la intriga. Poco a poco, cuanto más se adentra en su obra, empieza a sentir y a opinar de distinta forma. Hace referencia a composición, sobre todo por las ciudades. Pero lo que más comenta es el cromatismo y la originalidad en sus pinturas, sin perder ese punto picante que cualquier obra que evoque al sexo despierta (y más si es sexo homosexual entre hombres-máquina). 
Es curioso que los aspectos que más le llamen la atención no sean si "está bien pintado" o si "no entiende la obra", no, fue capaz de sin tener apenas ningún conocimiento previo hacer una reflexión sobre cromatismo y composición. Ello se explica quizá por que es lo más inmediato al contemplarla, sin darte cuenta o bien estás a gusto mirándola o bien hay algo que falla. 
Otro aspecto interesante  a comentar es el ritmo que llevaban cada uno de los sujetos del experimento: El  paso más lento lo llevaba Fanática, quizá por un excesivo deleite visual, sin embargo (y aquí viene lo curioso) a ella le seguía Nuevos Ojos, mientras que los más rápidos eran Intermedios. Este hecho no deja de sorprender, ya que quizá el ímpetu con el que te enfrentas a tu primer museo no sea el mismo, ni mucho menos, que cuando ya tienes una experiencia. Los comentarios además eran muy diversos: Fanática era pura emoción, pero también estaba cautivada por ese mundo de la mente del artista, Intermedios discutían entre ellos cuál era su obra favorita, y Nuevos Ojos, tras perder el miedo a hablar por si el artista le estaba observando, se dedicó a obra por obra tratar de decir (con más o menos éxito) por qué le gustaba o no. 

Fue una jornada muy intensa de la cual saqué una conclusión sobre todas las demás: La producción artística no puede buscar la relación artista-obra-espectador pensando únicamente en un tipo de espectador ya que, como hemos podido comprobar, no hay cuatro ojos iguales.