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domingo, 14 de diciembre de 2014

La búsqueda infinita




Momentos de la naturaleza a veces han provocado que el ser humano se plantee cuestiones. Desde el por qué de las cosas que observamos en ella hasta reflexionar sobre su valor e importancia en todo el universo.

En concreto, a mi estas fotos me recuerdan y me hacen reflexionar sobre los intentos de comprender la esencia de esa vida natural, y por otra parte, a los razonamientos que se han ido planteando a lo largo de la historia sobre la libertad. Conceptos de los que se han realizado muchas teorías y explicaciones. Lo que me lleva a pensar sobre el deseo que siempre ha mostrado la humanidad de querer controlar e imponer su lógica a cualquier cosa. Hecho que, sobreexplotado, ha causado muchas catástrofes naturales y culturales. Lo cual, creo que a veces ha podido generar decaimiento y melancolía en el ser humano y su deseo de evasión a esta naturaleza.

Con todo lo dicho,  parece que así aún debemos de valorar más la grandiosidad de la naturaleza, cómo abarca tantos aspectos complejos con gran éxito y entonces el ser humano tendría que aprender de ella. Pero… ¿no era esa admiración y voluntad de formarse lo que en un principio hacía al humano actuar así? Parece que sí, pero tal vez deberíamos  plantear todo de nuevo y de una forma distinta, con más conciencia y respeto.


Memorias de un retrato




Si algo estoy aprendiendo a apreciar más desde hace unos meses, son las fotografías de retratos antiguas. Cada vez me resultan más fascinantes observarlas, ver las poses, los objetos que aparecen, las vestimentas, las miradas, etc. Pero sobre todo el saber la historia que esconden sus protagonistas.

Todo este interés me despertó la fotografía que presento. Se trata de un retrato en blanco y negro que encontré entre las fotos antiguas de mi abuela, y data de marzo de 1935.

En ella, aparece un joven que era primo lejano de mi abuela, y me llamó la atención que este particular retrato lo guardara ella. La explicación que me dio, resultó ser las consecuencias de la Guerra Civil en este hombre y su familia.  Se trataba de una mujer viuda y sus dos hijos, (el mayor era el de la fotografía). Con la llegada de la Guerra Civil, el hijo pequeño quiso apuntarse a combatir, pero su madre no se lo permitía. Por ello, el muchacho un día dijo que se iba a trabajar y en verdad se fue a la guerra a escondidas. Al poco tiempo anunciaron su muerte. Por otro lado, el hijo mayor, que era maestro, fue reclamado en un periódico de la ciudad por saber escribir, para tomar apuntes de lo que iba sucediendo allí a causa de la guerra. Un día mientras escribía dieron avisos de ataque, pero por no dejar la tarea a medio no se refugió y le cayó una bomba encima, por la que murió. La agonía que vivió la madre de no saber dónde estaba su hijo menor durante ese periodo junto con la pena de las dos muertes de sus hijos, hizo que la mujer finalmente se volviera loca y pasó a depender de los cuidados de sus familiares más cercanos, entre ellos, la madre de mi abuela. Así al morir la mujer, mi abuela consiguió esta foto.

El protagonista de la foto, como ya he dicho antes, es un joven maestro, quien aparece de pie con las piernas algo flexionadas sobre un caballito infantil. Sostiene en la mano derecha una pistola de juguete y la mano izquierda la utiliza para sujetar la rienda del caballo. Está vestido con traje y tiene un gesto en la cara alegre, como si algo le divirtiera. El retrato está tomado por uno de los fotógrafos que acudían a su pueblo en fiestas patronales.

Esta foto me gusta mucho por varias razones. Por una parte, porque me parece muy especial la manera en la que aparece el retratado, de normal, las fotografías que suelo ver de este tipo son de personas que están serias, inmóviles, incluso a veces nerviosas o con cara de susto. En este ocurre todo lo contrario, una persona con gesto divertido, lo que se acentúa aún más con el hecho de que pose con objetos infantiles en esa época. Por otra parte, me ha servido de medio para conocer historietas de la Guerra Civil, las cuales me sorprendieron bastante y me transmitieron parte de la pena de ese periodo.

Maestro del dibujo


El otro día fui al IVAM a ver una exposición de Ignacio Pinazo, aunque de paso entré en todas las demás exposiciones porque la entrada los domingos es libre y había que aprovecharlo.


La verdad es que conocí a este pintor valenciano cuando fui a ver la exposición de pintura modernista en el ayuntamiento de Valencia. Entre todos los muchos cuadros que había, unos peores que otros, hubieron dos pintores que me gustaron en especial: Benlliure y Pinazo. Ambos pintores influidos por los impresionistas, de ahí sus pinceladas sueltas y fugaces y su afán por captar las cosas con inmediatez, pintaron cuadros de distintos géneros, entre ellos paisaje, pintura de género, costumbrista, retrato, etc. Otra cosa que tienen en común, como muchos otros pintores modernistas, es que realizaban bocetos o estudios previos de sus cuadros antes de realizar el definitivo. Esto es bastante curiosos porque en estos bocetos se pueden observar, aparte de distintas técnicas como la plumilla o el grafito, los estudios anatómicos que realizaban de los personajes o el planteamiento que realizaban de las perspectivas de los lugares.


La exposición que fui a ver, “Ignacio Pinazo, Maestro del dibujo”, trataba precisamente sobre eso, una colección de bocetos y dibujos previos a los cuadros originales en los que se podía advertir que, aparte de ser un buen pintor, también era un grandísimo dibujante.


En cuanto a los aspectos formales de la exposición en sí, no hay mucho que decir, pues era bastante sencilla: paredes blancas sobre las que se colocaban los bocetos del artista enmarcados.
La exposición contaba con dos pisos, ambos iguales, y al ser dos cuadrados tenías que ir recorriendo la sala de manera circular para después subir por las escaleras y seguir realizando el mismo recorrido.
La luz de la sala era bastante ténue y el foco provenía siempre de detrás del espectador, por encima, supongo que para evitar las sombras sobre los dibujos y así poder observarlo todo con claridad.
Algo que molestaba bastante visualmente era el fondo sobre el que se recortaban los bocetos, los cuales eran azul o verde, distrayendo la mirada del espectador, ya que llamaban más la atención que los dibujos en sí.



En resumen, la exposición es bastante interesante y se la recomiendo a cualquiera que le guste el dibujo; disfrutas observando con qué técnica realizaba sus bocetos y cómo analizaba muchos detalles cotidianos para saber después pasarlos al lienzo. Además añadir que, en el IVAM hay exposiciones bastante interesantes y ya que los domingos la entrada es gratis a cualquier exposición podemos aprovechar para ver cosas interesantes y culturizarnos un poco más sin tener que pagar una cantidad ilógica de dinero por la entrada, cosa que suele ser lo habitual en la mayoría de museos. Por ello, animo a la gente a ir a ver exposiciones y descubrir nuevas obras y estilos, así como conocer a nuevos artistas contemporáneos que también merecen una oportunidad en este mundo difícil del arte.  








Funestas bailarinas


¿Por qué las cosas más bellas e hipnotizantes de este mundo son casi siempre las más mortíferas?

Esta fotografía la realicé en el Oceanogràfic mientras observaba la pecera de las medusas. Me quedé allí impasible durante media hora, sin poder apartar la vista. Mientras tanto, no pude evitar pensar en cómo sería poder alargar el brazo, atravesar el cristal y tocar una. Tan sólo un poco.

Luces de neón, textura curiosa, colores vibrantes, movimientos elegantes. Es imposible no fijarse en un animal marino que reúne todas estas características. Una combinación tan asombrosa que hace que sigas con la mirada cada uno de sus movimientos, casi como si de una danza se tratara. Una danza en la que las medusas son las despampanantes bailarinas vestidas de colores y envueltas en purpurina, cuyo escenario es el profundo azul que las envuelve, y tú eres el maravillado espectador que queda anonadado ante tal espectáculo. La música la pones tú, con tus propios pensamientos.

¿Es así como las medusas atraen a sus presas?

Tan hipnotizante es la danza que olvidas su verdadero objetivo, y por un momento sólo puedes pensar en lo bello de la escena. Sientes la necesidad de tocarlas, de unirte a ellas. Quieres atraparlas y poder observarlas indefinidamente. Te dejas envolver ante tal atmósfera y, cuando estás a punto de rozarlas, excitado ante tal deseo, un punzante dolor hace que quedes paralizado. Sientes como si flotaras, mientras las observas nadar a tu alrededor, sonriendo por haber tenido la oportunidad de presenciar algo así.


Y mientras tu vitalidad, como la danza, se esfuma.

Espejismo de leyenda


 El castillo de Eilean Donan, es uno de los lugares más emblemáticos y más conocidos de Escocia, debido entre otros motivos, a que ha sido escenario de algunas películas.

Es una fortaleza que da la bienvenida a los viajeros que visitan la zona, ya que se puede contemplar de distintos puntos del lago. Se levanta en medio de una isla, a la que se puede acceder a través de un puente de piedra.
Además de ser una fortaleza misteriosa y bella, también le han dado esa apariencia de castillo de leyendas los alrededores, que juegan un papel muy importante. Las suaves montañas que rodean la isla, pero sobretodo el lago hacen que parezca impenetrable.
Esas cualidades las podemos ver en las fotografías, a través de la niebla y de su reflejo en el agua del lago. Su piedra oscura contrasta con el verde de sus alrededores y también con el tono naranja de algunas algas. El lago le aporta vida.
En la primera fotografía, el castillo aparece en el centro, ya que se pretende dar la sensación de que vamos a adentrarnos en él, a través del antiguo puente previo, mientras que en la segunda imagen, está un poco desplazado hacia la derecha, para que podamos contemplarlo junto al puente, las montañas y el lago que lo envuelven.
Para terminar,  parece que el fotógrafo quiere transmitirnos la paz y tranquilidad que emana del paisaje.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Fuente de Vida



El agua de un río, de un lago, del mar, todo agua. Nos puede gustar más o menos pero en todos sus formatos, la esencia es la misma. A lo largo de la historia se ha utilizado en el arte, ya que forma parte de la naturaleza, y como tal se representaba por ejemplo en los paisajes.


En estas fotografías contemplamos el agua en distintos sitios, incluso en distintos estados. En la primera, podemos contemplar como el agua sale del caño con mucho detalle, incluso podemos apreciar algunas gotas que se desprenden del chorro principal. Es una fotografía tomada en una fuente, y muy de cerca. Además del chorro del agua, se ven las ondas que este provoca al impactar con el resto.


La segunda imagen es completamente diferente, aunque por una parte son similares, ya que se han hecho muy de cerca para poder apreciar mejor los detalles. En este caso, no está en estado líquido como es habitual, sino en estado casi sólido, ya que se trata de nieve, nieve que se ha quedado depositada en las ramas de un pino.


Para finalizar, contemplamos un paisaje donde el elemento principal es el agua, situada en dos lagos, aunque la fotografía y el paisaje también tienen muchos otros atractivos. Podemos apreciar otra vez, agua en forma de nieve en la parte superior de las montañas. Se percibe como los rayos del sol impactan en la superficie del lago, incluso como se reflejan en la fotografía: unos puntos de luz en el eje central.


 En fin, este, es un elemento muy importante en todos los sentidos, ya que nos da la vida, además de creatividad, belleza, etc. Por estos y muchos otros motivos, deberíamos mantenerla y cuidarla, para poder seguir disfrutando de ella en lugares y situaciones tan bellas como estas.



sábado, 6 de diciembre de 2014

Ofelia inspiró la melancolía.

En lo que llevamos de cuatrimestre no son pocas las obras que han llamado mi atención profundamente, y una de ellas fue “Ofelia” de John Everett Millais. Ésta fue una revelación para mí, ya que, hacía no mucho había decretado para mí entender y el de mi  gente más cercana, que la pintura que más me gustaba no era la realista, sino que prefería una pincelada desdibujada o cierto toque abstracto, manchas de color… Y de repente se alza Ofelia, más real que nunca. Lo cierto es que me impactó muchísimo.

Tan presente la tenía que en cuanto vi esta imagen, me vino en seguida a la mente; aunque la perspectiva, la situación y la expresión de ella sean diferentes. 
Vemos sin embargo, muchas similitudes: La más evidente es que ambas están tumbadas en el agua rodeadas de vegetación. Otra será la presencia del ramo de flores que en el caso de Ofelia está deshecho y en el de la película, Kirsten Dunst lo sujeta con firmeza. Otra similitud, quizá más oculta es el hecho por el cual han llegado a esa situación, ambas por una depresión ya que en el caso de Ofelia, ésta lo usó como huida ante la falta de amor de Hamlet; y en la de Melancolía,por la depresión eterna de la protagonista, aunque bueno, leyendo el título poco más hay que decir; sí que es remarcable que ese fotograma forma parte de la presentación, no de la película, y con él intenta evocar las mismas sensaciones que John Everett Millais logra con su cuadro. La actitud de las dos protagonistas femeninas, sin embargo, es bastante distinta, en el caso de Ofelia la vemos sufrir, mientras que a Kirsten Dunst la vemos casi desafiante. Debo añadir que la actriz, por su papel en esta película ganó el premio a mejor actriz en el festival de Cannes, y lo tiene merecido, su interpretación llama mucho la atención.  También la propia vegetación recuerda a la del cuadro, sobre todo la de la parte izquierda de ambas imágenes. Dentro de la propia película, curiosamente, aparece el propio cuadro de John Everett Millais en un libro que se expone abierto por la página en la que aparece el cuadro. Por si no fueran pocas las similitudes de la propia película con el cuadro, Von Trier nos ofrece esa perla.

Encontré esta película navegando por IMDb y esta fue una de las primeras imágenes que vi, ya que además, se corresponde con la portada de la misma. La mayoría de las que me llamaron la atención, como esta, tenían después que ver con el prólogo. No es de extrañar que captara mi atención y necesitara verla. Así pues, esa misma noche tenía la película en mi televisión.
La película consta de tres partes (en realidad son dos, pero el prólogo es tan largo que casi lo consideraría una más). La primera es el prólogo, como adelantaba, en el cual se nos brindan imágenes de una realidad cuestionable por diversos motivos. Todas las imágenes que allí aparecen tienen algo de perturbador. Además, van acompañadas de la música de Tristán e Isolda de  Richard Wagner, lo cual les da otro toque surrealista. Una vez acabado el prólogo (ya respiré porque me temía una película entera de imágenes de ese estilo, como “El árbol de la vida” de Terrence Malick, y conociendo a Lars Von Trier, todo es posible) empezó la  primera parte “Justine”. Este nombre hace referencia a la protagonista, Kirsten Dunst, que padece un brote de depresión, cosa muy común en ella, justo el día de su boda. La segunda parte, llamada Claire, se centra en la estancia de Justine en la casa de su hermana Claire, en la cual, todo gira en torno a la cura de su depresión y a la inminente llegada de un planeta llamado Melancholia, que según los astrónomos, pasará muy cerca de la tierra pero sin tocarla, ya se verá. No quiero contar más detalles de la película ya que creo que vale la pena verla sin conocerla en exceso, cuando yo me enfrenté a ella, lo hice sencillamente conociendo la imagen que me recordó a Ofelia, nada más, y la verdad es que valió la pena. Personalmente, tengo una especial predilección por el género de la ciencia ficción, aunque me gustan todos los géneros, así que agradecí el detalle del planeta. Sin embargo, debo confesar que la primera parte me pareció más interesante por muchas razones, desde la actuación de Kirsten, a la cual se le da más importancia en esta parte, hasta las relaciones entre los miembros de la boda y como Justine va degenerando su estado anímico hasta el completo caos. Fue realmente impactante, sin embargo, el final de la película. Es uno de esos films que te dejan pensativo y bloqueado durante un tiempo, y todo se lo tengo que agradecer al cuadro de Ofelia.